05 abril, 2016

tienes recuerdos que compartir en facebook

Llegó vestida de primavera y me sacó flores
de la boca
con la suya.
Aquel día me di de bruces en la maldita curva
de su sonrisa
y poco después prometí
que no volvería a frenar cerca de sus caderas.

Bailaba por las mañanas, pasando el aspirador,
y yo tardaba una hora en prepararle el desayuno
porque no sabía cómo dejar
de mirarle el culo.
Nos revolcábamos en la alfombra
rayada de sol y braguitas blancas,
que nunca brillaron tanto como
el filo mortal
de sus orgasmos.

Lo habría dado todo por enamorarla.
Por haber aprendido a bailar
                en su esperanza de brisa
y haberle confesado en el espejo
que ella sería por siempre
la mujer de mi vida.

En unos días, Facebook me recordará
que poco después llegaste tú,
con el embrujo irresistible de lo otro,
la lengua de cantautor, la mirada de nómada
y el desodorante con feromonas.
Y ella se enamoró de ti.
No lo sabes, pero cuando te fuiste,
no quiso quedarse.

No te echo de menos, amor.
Yo siempre la quise a ella.

15 marzo, 2016

aunque no lo sepas

No lo sabes,
pero siempre fuiste demasiado mío –y digo demasiado
sabiendo exactamente que vas a decirme
aquello de «no es bueno, demasiado»
como si alguna vez te hubieran importado
los excesos.

No lo sabes,
pero me hice una bandera con la piel muerta de
todo los los te quiero que callé
siempre por orgullo, 
siempre por no ser capaz
de quererte libre, de quererte con alas.
Ahora la agito en camas que solo son puerto,
que nunca serán patria.

No lo sabes,
pero ha pasado el tiempo y yo te sigo debiendo la vida
que planeamos.
Como si la deuda no se hubiera saldado en el adiós
que me arrancaste, en el perdón,
en la maldita alegría que te llevaste
cuando a mí me venció el amor y tú ganaste la guerra.

No lo sabes,
pero a pesar de la huida mortal
no he podido sacarte de los poemas.

Aunque tú no lo sepas, amor,
te quedaste.

08 marzo, 2016

arte abstracto

He decidido tatuarme todo este dolor en la espalda.

Encontraré la manera de dibujarme la noche, lenta y desgarradora. Me tatuaré el silencio, su puñal de minutos que no pasan, los días que he ido contando desde que tú ya no. Haré tinta de todo el alcohol donde no pude ahogarte, de todo el tabaco, de todo el vacío de unas tripas que no saben cómo hacerse corazón.

Te meterás dentro de mi piel en cada trazo. Como cuando yo me meto en las camas donde siempre me atabas y ahora son ellas atándome a ti con los hilos que nunca rompimos. Lo fácil que resulta siempre volver a enredarnos -como tus rizos por la mañana, como mis dudas entre tus sábanas. Esas también voy a tatuármelas.

Y las guerras que he perdido por volver a besarte. Y la sangre pintada en mis bragas por tus zarpas de niño, la vuelta a casa sola mientras amanece, los cuerpos sin nombre que nunca me hicieron temblar como el tuyo. Las llamadas donde me partí los huesos. Y todos los precipicios a los que me arrojé por quererte salvar de la caída.

Los dibujaré con tus dedos -tus dedos aguja- sobre toda mi espalda.
Y cuando acabe ya estarás detrás de mí.
De una puta vez por todas.