05 abril, 2016

tienes recuerdos que compartir en facebook

Llegó vestida de primavera y me sacó flores
de la boca
con la suya.
Aquel día me di de bruces en la maldita curva
de su sonrisa
y poco después prometí
que no volvería a frenar cerca de sus caderas.

Bailaba por las mañanas, pasando el aspirador,
y yo tardaba una hora en prepararle el desayuno
porque no sabía cómo dejar
de mirarle el culo.
Nos revolcábamos en la alfombra
rayada de sol y braguitas blancas,
que nunca brillaron tanto como
el filo mortal
de sus orgasmos.

Lo habría dado todo por enamorarla.
Por haber aprendido a bailar
                en su esperanza de brisa
y haberle confesado en el espejo
que ella sería por siempre
la mujer de mi vida.

En unos días, Facebook me recordará
que poco después llegaste tú,
con el embrujo irresistible de lo otro,
la lengua de cantautor, la mirada de nómada
y el desodorante con feromonas.
Y ella se enamoró de ti.
No lo sabes, pero cuando te fuiste,
no quiso quedarse.

No te echo de menos, amor.
Yo siempre la quise a ella.