08 marzo, 2016

arte abstracto

He decidido tatuarme todo este dolor en la espalda.

Encontraré la manera de dibujarme la noche, lenta y desgarradora. Me tatuaré el silencio, su puñal de minutos que no pasan, los días que he ido contando desde que tú ya no. Haré tinta de todo el alcohol donde no pude ahogarte, de todo el tabaco, de todo el vacío de unas tripas que no saben cómo hacerse corazón.

Te meterás dentro de mi piel en cada trazo. Como cuando yo me meto en las camas donde siempre me atabas y ahora son ellas atándome a ti con los hilos que nunca rompimos. Lo fácil que resulta siempre volver a enredarnos -como tus rizos por la mañana, como mis dudas entre tus sábanas. Esas también voy a tatuármelas.

Y las guerras que he perdido por volver a besarte. Y la sangre pintada en mis bragas por tus zarpas de niño, la vuelta a casa sola mientras amanece, los cuerpos sin nombre que nunca me hicieron temblar como el tuyo. Las llamadas donde me partí los huesos. Y todos los precipicios a los que me arrojé por quererte salvar de la caída.

Los dibujaré con tus dedos -tus dedos aguja- sobre toda mi espalda.
Y cuando acabe ya estarás detrás de mí.
De una puta vez por todas.


1 comentario:

  1. Es curioso pensar que de alguna forma tenemos tatuados ciertos recuerdos, y que eso nos define, lo llevamos en la piel y tiene un efecto que quizas dure para toda la vida.
    Saludos!

    ResponderEliminar

Te guardaré el secreto.